Libro de Francisco Robles, periodista y escritor andaluz que seguramente es conocido por muchos de ustedes porque de él hemos hablado en estas páginas. Este libro, editado por la editorial Toro Mítico en 2008, ha sido el objetivo de lectura que me he propuesto para estos días que he pasado en nuestro país. En él, el amigo Robles, profesor de Lengua y Literatura, nos cuenta sus impresiones sobre una de las mayores fechorías, si no la más importante, llevadas a cabo por la progresia hispánica en lo que llevamos de democracia: La reforma del sistema educativo que tuvo lugar durante los gobiernos socialistas de Felipe González. El resultado lo conocen ustedes: España está en el furgón de cola en aspectos educativos. Pero para afirmar eso no hace falta leer ningún informe, basta con observar cómo ha evolucionado y en qué se ha convertido la actual sociedad española.
De fácil, divertida y amena lectura, como todo lo escrito por este autor, que es de lo mejorcito que tenemos al sur de despeñaperros. Análisis sobre la Logse, esa unidad del destino en lo curricular, sobre los padres de la logse y sobre sus grandes mentiras, como por ejemplo el que todo se puede aprender jugando, el que la disciplina es fascista, el que el mundo es tu comarca, la eliminación del cero, la del que el agresor es víctima de la sociedad y muchas otra más. Todos estos temas son analizados y comentados en este libro, el cual no se circunscribe sólo a esta perversa ley de educación, ya que tiene una amplitud más amplia y aporta ideas interesantes sobre nuestro día a día y sobre las ideas predefinidas y consignas de gran parte de la izquierda española actual.
Permítanme que comparta con ustedes algunos de los pasajes que más me han llamado la atención:
El mito de la comprensividad: todos somos iguales e igualas, página 55:
Decíamos que la igualdad es uno de los pilares que sostienen el entramado logsiano. Esa igualdad no se entiende en el sentido noble del término: igualdad de todos los individuos ante la Ley, e igualdad de oportunidades a la hora de recibir una educación de calidad que no perpetúe las diferencias de clase social, económica e intelectual. Es todo muy sencillo. La verdadera igualdad, la deseable igualdad, consiste en no permitir que el hijo de un banquero tenga mejor educación que el hijo de un parado. ¡Esa es la revolución y ningún logsiano la ha visto hasta ahora! Cuando el autor de este libro vuelva a enfrentarse a los inquisidores del mester de progresía repetirá una y otra vez este principio igualitario y revolucionario: que el hijo del millonario tenga la misma educación que el hijo del desempleado.
Pero esto queda muy lejos de las cortas y pobres miras en que se mueven los logsianos. Para ellos la igualdad consiste en un principio que no tiene otro final que la perpetuación de esas clases. No olvidemos que los padres de la Logse quieren para sus hijos una educación que no tiene nada que ver con la que ellos ofrecen a las clases más bajas de la sociedad. Son los herederos sociológicos de la tecnocracia tardofranquista, los niños calculadamente díscolos y estéticamente progres de aquella generación que gobernó España. Y quieren que sus vástagos sean los que dirijan el país cuando les llegue la hora. Por eso los mandan a los mejores colegios privados mientras predican las bondades del sistema que han diseñado para que las clases más desfavorecidas sigan produciendo la necesaria carne de cañón. Elemental y perverso, querido Watson.
La competitividad fomenta la insolidaridad. Páginas 86-87
Competir no consiste en pisarle el cuello a nadie, [...] competir es superarse a uno mismo: a ver si nos seguimos enterando. … es precisamente la competencia , y no el paso marcado desde arriba, la que fomenta la solidaridad entre las personas que forman la sociedad. El que destaca llegará a lo más alto en su profesión: descubrirá vacunas, construirá puentes, desvelará enigmas históricos, impulsará empresas que creen riqueza y bienestar… Y todo eso lo pondrá a disposición de los ciudadanos que, por sus capacidades o por su poca disposición al esfuerzo intelectiual, no hayan llegado a esas cotas.
La fundación [organismo privado bastante común en los Estados Unidos y bastante denostado por la progresía patria] es el mecanismo que utiliza el individuo que ha triunfado en la vida para devolverle a la sociedad una parte de sus ganancias… Competitividad y solidaridad forman, de esta manera, las dos caras de la página donde se escribe el desarrollo de un país.
Supongo que estarán ustedes al corriente de la historia de Víctor Gago y de la intención Carmen porfavor, y es de suponer que con la aquiescencia de Mariano Rajoy, de acallar cualquier voz discordante que venga de la supuesta base social que en teoría se debe sentir representada por el partido para el que ella trabaja. O por lo que queda de él. Todo viene a cuento de unas declaraciones de este periodista en una emisora de radio que, acertadas o no o más o menos fundamentadas o demostrables, no se merecen, en ningún caso, tal reacción por parte del neo PP. Si se sentían ofendidos o creían que la información dada no se correspondía con la realidad, podrían haber pedido una rectificación por parte del periodista. Eso es lo sensato. Pero no, citación judicial y punto.
Heroicos, valientes, luchadores. Están que se salen. Fuerte, fuerte con el débil, y cuando más cercano a las ideas que en teoría dicen defender, más fuerte aún. Y con el fuerte, flojitos, flojitos. Como ya se ha apuntado en otros muchos lugares, da igual que insulten a sus votantes, que los ridiculicen continuamente, que se inventen historias, que los llamen asesinos, da igual. Con la gauche divine caviar, nada de nada, e incluso les ríen las gracias. Y pensar que desde estas humildes páginas hemos apoyado a esta panda, a este hatajo de liberticidas…
Por eso, desde Doce Doce no podemos más que unirnos a la campaña de solidaridad y apoyo a Víctor Gago y en favor de la Libertad de expresión, bien cada vez más escaso en nuestro país.
“La solidaridad es lo que uno hace libremente”
Josep Lluis Carod-Rovira
Vicepresidente de la Generalidad de Cataluña
Vamos a intentarlo por primera vez en nuestra breve historia. Quedan instaurados los premios Doce Doce a la frase liberal más destacada de cada año, pronunciada por alguno de nuestros políticos o dirigentes. La premiada este año data del verano de 2008. Sucede que, dado el personaje, no se nos ha ocurrido otro día para hacer público nuestro veredicto. No, no es una inocentada, la frase es totamente real. Pero aún así…
Y no por los últimos acontecimientos que están dejando en tierra a mucha gente, que ese es otro tema. Es por las calidades y por la atención al cliente. Volar con Iberia era un sinónimo de calidad aceptable, al menos es como yo lo consideraba. Aviones medianamente cómodos, buenos horarios, conexiones vía Madrid o Barcelona para destinos internacionales algo menos comerciales desde otros puntos de España y buen trato. Pero eso, desde hace poco tiempo, está cambiando por completo. Tanto que no es que Iberia no tenga ya nada que envidiar a cualquier compañía de bajo coste, no, sino que Iberia, salvo quizás porque aún admite conexiones de vuelos vía Madrid, es una empresa más de este tipo.
Para empezar, los aviones son cada vez más incómodos. Los antiguos y cómodos asientos de tapicería azul empezaron a ser sustituidos hace un par de años por asientos algo menos confortables y de color gris, disminuyendo el espacio entre las filas. Pero no se han quedado ahí, ya que parece ser que la nueva distrubución de los asientos, que ahora son de color gris más oscuro y más parecidos a unos asientos de metro, hace que la distancia entre ellos sea aún menor. El lunes pasado, cuando regresaba de Munich a Madrid en el último avión del día, apenas 20 centímetros separaban la parte inferior de mi asiento del de delante. En tan poco espacio es imposible hacer nada porque estás literalmente metido a presión. Leer un libro es difícil y hacer lo propio con el periódico es tarea imposible. Y eso que las dimensiones corporales de quien esto escribe entran dentro de la media, porque si usted es un poco más ancho o bien tiene piernas largas será mejor que dé vueltas a la idea de viajar en primera clase. Fue, sin duda, uno de los viajes más incómodos que he realizado en mi vida, comparable a un par con Ryanair al norte de Italia y otro de una punta a otra de los Estados Unidos.
Y lo segundo, el exceso de equipaje. Antes la política de Iberia al respecto era razonable. Y con esto me refiero a que si sobrepasabas un poco el límite de kilos que de dejaban transportar no solía pasar nada. Cierto es que recientemente aumentaron ese límite de 20 a 23 kilos, pero ahora ya he visto a más de uno y una tener problemas por presentar un ligero exceso de equipaje. Y hasta han empezado a pesar el equipaje de mano. Eso, y más ahora con el precio del barril de petróleo de nuevo a 35 dólares, no tiene ningún sentido. No creo que Iberia obtenga grandes beneficios actuando de esa manera y corre el peligro en ser percibida como una compañía antipática. Es decir, como una compañia más de bajo coste, de esas que por no emitir no te dan ni el número de asiento.
Creo francamente que la antigua aerolínea de bandera se equivoca al actuar en esta dirección. De acuerdo que hay que reducir costes y que estamos en una situación económica delicada, pero todo tiene un límite. No todo son vuelos baratos. Hay una parte del mercado, importante creo yo, que prefiere pagar un poco más y viajar cómodamente, desde aeropuertos principales y con buenos horarios. Ya sea por motivos profesionales o símplemente turísticos. Pero visto lo visto no parece que la primera compañía aérea española vaya en esa dirección…
Sirva esto como homenaje al jefe del Estado y a su originalidad. El problema es que a estas alturas por obra y gracia de quienes ustedes saben y del pueblo soberano ya no hay carro ni ná.
Desde Doce Doce queremos desear a todos nuestros lectores una Feliz Nochebuena y un Feliz día de Navidad, con especial mención a aquellos que por los motivos que sean no puedan encontrarse cerca de familia y amigos.
Si viven ustedes en el sur peninsular de nuestro país, aunque no sólo ahí, quizás conozcan ustedes a este tipo de personas. En Sevilla se conoce como gorrillas a individuos, generalmente con aspecto nada agradable, que te ayudan a aparcar el coche y a cambio de que no te lo destrocen te piden algo de dinero. Es uno de los problemas endémicos de la ciudad, que no se ha visto solucionado pese a la nueva política del gobierno municipal consistente en eliminar el mayor número posible de aparcamientos. Recientemente se ha aprobado la llamada ley antivandálica, que pretende afrontar y solucionar el problema. No hay que decir que, evidentemente, el cumplimiento de dicha ley es algo lento o inexistente. Pura propaganda, para variar.
Pero lo más interesante es lo que se puede leer hoy en la prensa sevillana. No, no es broma y no estamos aún a día 28. Creo que no necesita comentario:
El Ayuntamiento plantea que los gorrillas insolventes acompañen a escolares por la calle
[...]El delegado de Convivencia y Seguridad,(*) Alfonso Mir, aseguró ayer que estas personas fueron denunciadas por efectivos de la Policía Local y ahora deberán afrontar el pago de 120 euros de multa. En el caso de que sean declarados insolventes, tendrán la posibilidad de realizar servicios a la comunidad como limpieza o ayudar a escolares a transitar por las calles.