No tiene desperdicio la última nota que me remite el sindicato socialista Comisiones Obreras, titulada Las Universidades Públicas al límite (sic). La leo con cierta prisa y reconozco que en algunos aspectos tiene razón, aunque el fondo de la cuestión es el de siempre: intervención o mercado. Sobre la universidad pública, he aquí algunas de las cuestiones que considero imprescindibles:
- La calidad de la docencia deja mucho que desear. No me extenderé aquí, pero el sistema educativo español, universidad incluida, es infinitamente mejorable, y además creo que así es admitido generalmente.
- Es cierto que en algunas universidades se da un caso paradójico: aumenta notablemente el número de alumnos mientras disminuyen los ingresos y se agrava su situación económica.
- Algunos de esos centros han realizado un esfuerzo importante por modernizarse y mejorar distintos apartados de gestión. Por ejemplo, mediante inversiones en herramientas TIC y la implantación gradual de procedimientos de administración electrónica.
- El sistema de control del gasto es impensable en cualquier empresa. La disposición con que departamentos e investigadores asociados a proyectos compran bienes o servicios está absolutamente descontrolada. En muchas de las instituciones, ni siquiera existen mecanismos de control interno e intervención a priori, sino a posteriori: simplemente se validan facturas recibidas de bienes o servicios ya consumidos.
- Es conocido que varias universidades públicas españolas padecen graves problemas de tesorería, con previsiones de agujeros enormes a corto plazo que, si el resto de instituciones públicas de las que dependen no les abren el grifo de las subvenciones, les impedirían incluso pagar la nómina de Navidad.
- Es verdaderamente discutible la forma de financiación de las universidades públicas españolas. En los casos que conozco de primera mano, la universidad prácticamente no genera ingresos: casi el 100% de su presupuesto depende de partidas presupuestarias de la comunidad autónoma de turno y gran parte del dinero que gestiona son subvenciones a proyectos de investigación que la propia universidad adelanta a sus investigadores, con el fin de que cobren mensualmente y abonen las facturas que deseen. La universidad pública no genera ingresos, tiene mecanismos de control interno laxos, gasta lo que no debe e incluso lo adelanta.
Pues bien, ¿qué es lo que viene a decirnos Comisiones Obreras en su imprescindible nota? La clave está en el quinto párrafo:
La estrategia es clara: se trata de estrangular a las universidades públicas, hacer correr el bulo de su mala gestión, y cuando la situación sea insostenible, intervenir, atacando la autonomía universitaria y las formas de gobierno democráticas. Precisamente, este es el punto clave, ya que la gobernanza y la autonomía son un freno a la mercantilización. La universidad es, desde hace años, un objetivo del mercado. [...]
Obsérvese pues como el objetivo de la nota sindical es alertarnos sobre el enemigo de siempre: el mercado, ese ente malvado que conspira contra nosotros, obreros indefensos que apenas sabemos leer y escribir. Que en el siglo XXI aún estemos embaucados y entorpecidos por ideales panfletarios que cuestionan algo tan necesario y natural como el libre mercado, es sencillamente de una pobreza intelectual inadmisible.







