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Rajoy a la moda austracista

Octubre 7th, 2009 07:02am Dick Turpin

Pensaba hoy en cómo deben ser los días de Mariano Rajoy. Un poco en plan “y cómo es él y a qué dedica el tiempo libre“, que decía Perales. Me lo he imaginado acudiendo a un montón de actos, la mayoría insulsos y sin contenido, cosas de la política moderna y la mercadotecnía. Dejándose ver entre las huestes para que la moral no decaiga. Siguiendo los eventos deportivos a los que es tan aficionado. Rodeado por su camarilla de burócratas y apparatchiks felices, de esos que no paran de decir “todo va a pedir de boca“. Todos moviéndose para agradar al gran jefe, no vaya a ser que una palabra crítica les expulse de su gracia. Y Rajoy eligiendo a sus favoritos sin razones ni méritos, según el día. También me imaginaba a Rajoy indeciso cuando lo que toca es contundencia y dejando en manos de otros los problemas que surgen. En general, con gesto aburrido y displicente, como diciendo “podría, pero no me apetece“. Corte. Sequito. Fanfarria. Oropel.

Con este cuadro se me vinieron a la cabeza imágenes enterradas de los Austrias. De los llamados Menores, claro (aunque nunca he coincidido mucho con esta denominación). Específicamente de Felipe III y Felipe IV (los más malvados dirán que peco de generoso y al que se parece en realidad el jefe del PP es a Carlos II, lo que suena más a malicia que a justicia). Ambos dejando la dirección de los asuntos de Estado en sus validos, Lerma y Olivares. Ambos monarcas rodeados por la Corte, todo el que quería ser algo agolpándose alrededor de Palacio, aspirando a rimbombantes oficios y nombramientos. Muchos arbitristas ofreciendo soluciones a los males de los Reinos, muchos panfletistas, libelistas y poetas a sueldo para ser propagandistas, librar peleas políticas y conquistar tálamos según el caso -vamos, los contertulios y bloggers de aquella centuria-. Ambos reyes más preocupados por la fiesta, el teatro e irse de picos pardos que por el Gobierno. Mucho aparato. Y mucha ambición. Y dos palabras que significaban mucho: virtud y reputación.

Claro, las diferencias llaman la atención. Porque si Rajoy lee el Marca para distraerse -no se le conoce gran afición por libros o artes-, los Felipes, sobre todo el Rey Planeta -nada que ver con la familia Lara-, se rodeaban de los mejores artistas del momento -de casi cualquier momento-: Velázquez, Calderón, Lope, Tiziano, Rubens y, en definitiva, todos los que eran y querían ser algo. Y no es lo mismo. El paisaje lo cambia todo. No digo nada del paisanaje, que no es lo mismo un Moragas que un Zúñiga, un Arriola que un Spínola, un Arenas que un Villamediana y demás.

Rajoy y los Felipes, quizá historia vieja de poderosos que se dejan llevar, sin ambición, sin voluntad, algo inánes y sin ese carácter especial que esperamos de los que están en la res publica, porque quizá tiene razón Pérez-Reverte y se trata de la misma ínfame casta política de siempre, y al mismo tiempo, tanto ha cambiado el paisaje que causa un poco de rubor y vergüenza. Vamos, todo -Corte, sequito, fanfarria y oropel- lo mismo pero más cutre. O que hoy me he levantado melancólico.
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